1. No ha sido un fracaso para los sindicatos.
2. Tampoco para que la califiquen de éxito.
3. Todos parecen satisfechos, así que nadie lo está completamente.
4. Mucha gente no fue a trabajar, pero mucho tuvo que ver que la gente no se quisiera enfrentar a los piquetes o a servicios mínimos colapsados.
5. Si el giro de la política económica supone un recorte en los derechos de los trabajadores y, en general, de todo el mundo, por qué no se sumó mas gente a la huelga. Todo hace indicar que, a) la gente reconoce que la situación económica del país es muy grave y se necesitan medidas económicas impopulares, b) la gente tiene miedo a perder el trabajo si hace huelga, más en estos tiempos de extrema precariedad laboral, c) la gente no puede permitirse el lujo de perder un día de sueldo, d) la gente pasa de los sindicatos, no los cree, no se siente representado por ellos, y, sobretodo, e) la huelga llega muy tarde. Se entiende que organizar una huelga general debe llevar su tiempo, pero hacerla tanto tiempo después de haberse aprobado los recortes da la impresión de que sirva para bien poco.
6. Por qué si, a mi juicio, el cambio de rumbo del gobierno en materia económica, merece una respuesta contundente como la de una huelga general (y para los sindicatos es una obligación hacerla, para que están si no), la gente no se siente motivada o con la necesidad de hacerla, siguiendo las instrucciones de los sindicatos. Como he dicho en el punto 5.d, la razón que tienen los sindicatos y sus buenas razones, se pierden a) en el día a día, en los comités de empresa que representan a los trabajadores en las empresas y lugares de trabajo de los españoles, en los que se dejan todo el, a priori, buena reputación que deberían tener. Los sindicalistas que están en los comités de empresa, en su gran mayoría, y hablo por mi experiencia laboral pero creo que es una situación más que común, no tienen por prioridad representar a sus compañeros y defender sus derechos ante la dirección de la empresa, sino ayudar a los suyos, a su camarilla, a su grupo de amiguetes, a sus compañeros afiliados como mucho; se apuntan al comité para tener influencia, para poder colocar a este o aquel en un puesto o en otro, para meter mano en un proceso de selección, pero, sobretodo, se meten en el comité para escaquearse del trabajo. b) Cuando hay que ponerse duros, se ponen muy duros, demasiado, intimidando y coaccionando a todo aquel que disienta o discrepe de las instrucciones dadas por la dirección sindical. Parece como si tuviesen mala conciencia de estar el 99% de su tiempo de sindicalistas sin hacer casi nada y quisiesen lavársela convirtiéndose en unos fundamentalistas sindicalistas, extremistas violentos, ejerciendo la violencia contra aquel que, por ejemplo, no quiera hacer huelga. ¿De dónde sacan esa mala leche, con que se desahogan cuando no hay huelga? Al final, los trabajadores, que en un principio deberían adherirse a la huelga y estar de acuerdo con las reclamaciones de los sindicatos, los rechacen. Su imagen entre muchos, muchos trabajadores es pésima. Y c) a ello, además, contribuye su inevitable dependencia del Estado y de los Presupuestos Generales.
7. No podía no haber Huelga General. No cambiará nada.
TONI MUÑOZ
Politólogo